Descripción
Un recorrido por la selva, doce pequeñas canicas de colores y un lápiz magnético. El reto parece sencillo cuando lo vemos por primera vez, pero en cuanto el/la peque empieza a mover la primera bolita descubre que llegar hasta el lugar correcto requiere controlar el movimiento, mirar con atención y tener un poquito de paciencia.
El Laberinto de canicas magnético Tropik de Janod propone una experiencia de manipulación muy directa: las canicas permanecen dentro del tablero y se desplazan mediante el lápiz magnético, de manera que el/la niño/a puede guiarlas a través del recorrido sin necesidad de cogerlas directamente. El escenario está ambientado en una selva tropical, con vegetación y animales que acompañan visualmente el juego.
El objetivo consiste en llevar las 12 canicas de colores hasta las zonas que corresponden a cada color. Pero el camino no es completamente libre. Durante el recorrido aparecen obstáculos y elementos que hacen necesario pensar un poco antes de avanzar. Hay tres obstáculos móviles y dos elementos giratorios que modifican las posibilidades del recorrido, así que no siempre bastará con empujar la canica hacia delante: habrá que observar, ajustar el movimiento y buscar la manera de continuar.
Y precisamente ahí encontramos una de las grandes virtudes de este tipo de juego. El/la peque no recibe una solución preparada. Tiene que descubrirla mediante la experiencia. Si la canica no llega donde quería, puede probar otro movimiento; si se encuentra con un obstáculo, tendrá que descubrir cómo sortearlo. Cada intento aporta información y poco a poco sus movimientos se vuelven más precisos.
En Decalupa nos gusta especialmente que este aprendizaje suceda a través de las manos y sin necesidad de convertir el juego en una tarea. Guiar el lápiz magnético exige pequeños movimientos controlados que favorecen la motricidad fina y la coordinación ojo-mano. También permite practicar una habilidad muy útil para esta etapa: aprender a controlar la fuerza y la dirección de los movimientos.
Los colores aportan otra posibilidad de juego. Podemos acompañar al pequeño o a la pequeña mientras identifica cada tonalidad y busca su zona correspondiente, nombrar los animales que aparecen en el tablero o inventar una pequeña historia sobre ese viaje por la selva. Quizá las canicas sean exploradores/as que tienen que encontrar su refugio o pequeños/as viajeros/as que se han perdido entre la vegetación. La historia puede cambiar cada vez que jugamos.
También es una propuesta interesante para compartir con un adulto. Al principio podemos ayudarle/la a descubrir cómo funciona el lápiz magnético y, después, dejar que sea él/ella quien encuentre sus propios caminos. Es importante que pueda experimentar sin que le demos inmediatamente la respuesta: cuando consigue superar un recorrido por sí mismo/a, la satisfacción también forma parte del aprendizaje.
El tablero incorpora patas de silicona antideslizantes, pensadas para mantenerlo estable mientras se manipula. Está fabricado en madera -contrachapado- y plexiglás y cuenta con certificación FSC™.
Por su tamaño, además, resulta fácil de guardar y puede convertirse en una buena opción para esos momentos en los que buscamos una actividad tranquila, concentrada y sin pantallas.
Una pequeña aventura tropical que empieza con un movimiento y continúa con cada decisión del pequeño/a. Un juego de habilidad para practicar la precisión, descubrir relaciones entre colores y experimentar algo tan valioso como encontrar el camino por uno/a mismo/a.




